Las personas en condición de discapacidad se definen como aquellas personas que presentan dificultades a nivel físico, intelectual o sensorial, las cuales son consideradas permanentes y que les impide participar de manera igualitaria en la sociedad.
Por
otro lado, desde el punto de vista de la práctica del profesional, se considera
que en esta población es primordial centrarse en las capacidades y habilidades
que tiene cada uno, y las diversas formas de ver el mundo en vez de enfocarse
en las habilidades de las que carecen.
A
su vez se destaca que el psicólogo debe brindar una atención de acuerdo a las
necesidades y capacidades de cada paciente, con el fin de poder
potencializarlas y permitir mejorar la calidad de vida de cada persona,
sin embargo, se destacan que hay determinadas barreas a nivel familiar y
social, en el ambiente de la persona.
Dentro
del papel del psicólogo, como se mencionó anteriormente, debe estar enfocado a
privilegiar, resaltar y explotar las capacidades de cada paciente, en vez de
ver las deficiencias y tratar de trabajar sobre ellas, permitiendo así reforzar
esas capacidades en el ambiente familiar y social, teniendo así una integridad
en su desarrollo.
Se
debe tener en claro, que la intervención psicológica que realice el profesional
también debe estar dirigida a la familia, como un método en el que se permita
realizar una elaboración adecuada del duelo por la discapacidad intelectual del
hijo y a su vez buscar estrategias de afrontamiento adecuadas para sobrellevar
la situación y brindarles estrategias de apoyo conductual para cada paciente
según sus necesidades.
Igualmente,
la ética que el profesional de psicología debe tener ante casos con población
en condición de discapacidad, son el cumplimiento de los derechos humanos, como
no rechazar, discriminar, proteger la dignidad de la persona, y tratarla en
igualdad de condiciones.
A
su vez, se debe proporcionar a la familia la información veraz, sobre el
proceso que se llevará a cabo con el paciente, donde se le aclare de manera
oportuna, que la discapacidad intelectual, como el autismo, o el déficit
cognitivo no tiene cura, sin embargo, se pueden potencializar habilidades que
le permitan un mejor desarrollo y adquisición de otras, eso sí, dependiendo del
nivel de funcionalidad del paciente. Brindar este tipo información veraz a
las familias es primordial, puesto que permite aclararles todo, y no darle
falsos resultados, de los progresos que podría o no tener su hijo, debido a que
es difícil aceptar el duelo de la enfermedad.


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